Tips de Mamás

Cuidado con las etiquetas (Travieso, Malcriado, Llorón, Tímido)

2009-02-02 14:46:57
Cuidado con las etiquetas (Travieso, Malcriado, Llorón, Tímido)

Bueno o Malo. En el transcurso del primer al segundo al segundo año de vida los pequeños muestran muchos rasgos de su personalidad, entremezclados con ciertos comportamientos que se pueden llamar evolutivos y que son, además de pasajeros, comunes en casi todos los chiquititos de edad. Por ejemplo, la mayoría de los niños de año y medio son bastantes temerarios. Acaban de lograr la conquista del espacio mediante la adquisición de la habilidad para desplazarse solos y en el momento en que perfeccionan la técnica un poco, se ven seguros y sienten el deseo irrefrenable de andar por todas partes. Esto implica, por supuesto, que no valoran que peligroso puede ser un piso mojado o resbaladizo, ni una mesa demasiado alta, ni un enchufe desprotegido. La terquedad (necesaria para autoafirmarse y descubrir quien son) es otro rasgo de esta etapa en la que se rebelan contra todo formalismo y rutina: cambiarse el pañal, sentarse en el coche. Lo mismo ocurre con la posesividad (es la etapa del “¡mío!”) y otras muchas actitudes que demuestran que su relación con el mundo no siempre es fácil: rompen todo lo que pasa por sus manos, lloran cuando no pueden expresarse. Es difícil valorar que comportamientos de tu hijo son registros propios de su desarrollo y cuales muestran rasgos de personalidad. Por eso resulta muy importante tener cuidado con lo que esperas de ellos y con las etiquetas que les pones en este momento: no solo van a ser nocivas para su autoestima, sino que además pueden resultar opuestas al verdadero yo que reside en su interior y por tanto, impedir su correcto desarrollo emocional. Ustedes son los espejos de sus hijos: sus mensajes y opiniones sobre ellos, lo que les dicen y les muestran con gestos, conforman su autoestima, la opinión que los niños tienen de sí mismos, lo que creen que valen. Y son los mensajes que reciben de sus padres (y los de nadie más) los que conforman la imagen que tiene de sí mismos, puede que la abuela diga: “Es un caprichoso”; pero si los padres no opinan lo mismo y se lo hacen saber de diferentes maneras, el niño no se sentirá marcado por esa etiqueta. Cuando describes a tu hijo como “Torpe”, “Llorón”, “Terco”, “Flojo” o “Maleducado”, el niño concluye que esas deben ser sus cualidades y sin dudarlo (porque confía ciegamente en sus padres), las incorpora como parte de su grupo personal y afectivo con el que va a contar para crecer. Poco a poco, sus mensajes sobre sí mismos van construyendo eso que se llama “autoimagen” y lo harán reflejando sus juicios y opiniones, porque los chiquitos jamás se van a cuestionar si las etiquetas que sus padres les ponen son adecuadas o no lo son: lo que van a cuestionarse es su propio valor. Y como todo, pequeño y adulto nos comportamos y desenvolvemos de acuerdo a la imagen que tenemos de nosotros mismos. La ecuación que resulta es sencilla: si el niño piensa y siente que es, por ejemplo, un desastre (egoísta, distraído, terco, desobediente, caprichoso…), le va resultar muy difícil comportarse a lo largo de su infancia de otra manera que no sea esa. ¿Y por qué? Debido a que, de lo contrario sentirá que “no es el”.

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