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¿Es Bueno ser Amigo de los Hijos?

2010-05-16 10:36:34
¿Es Bueno ser Amigo de los Hijos?

 

Ser amigo de los hijos es el objetivo para muchos padres que creen que así serán confidentes y compartirán con ellos todas sus alegrías e inquietudes.
En nombre del amor que se siente por los hijos y con el deseo de ofrecerles lo mejor para que crezcan felices los padres desean establecer una relación cercana, amorosa, comunicativa que les permita saber: cómo están sus hijos, qué piensan, cómo sienten, cuáles son sus dificultades, sus gustos, preferencias, amistades, etc.
Esta actitud en la relación con los hijos es muy buena siempre y cuando este acercamiento no se traduzca en el mensaje de somos como amigos. A menudo padres y madres me cuentan con orgullo y satisfacción, ser amigo de los hijos es maravilloso ya que nos permite conocer sus problemas. Mi hija de tres años me dice: – mami ¿eres mi amiga? Claro cariño. Me puedes hablar como a tu mejor amigo, será nuestro secreto, etc.
Convertirnos en amigo de los hijos implica dejarles huérfano de padre o madre
Nos pensamos que son mensajes positivos y que animan a los hijos pues la figura del amigo nos parece más abierta, simpática, confidente y que se da a la compresión y a la cercanía.
Pero si tú le ofreces a tu hijo ser su amigo o amiga, ¿dónde queda entonces la figura de padre o madre? Tu hijo, hija puede tener todos los amigos que desee (en el colegio, en el barrio, etc.), puede cambiar o ignorar los que no les guste, pero sólo te puede tener a ti como padre o madre. Convertirnos en amigo de los hijos implica, sin duda alguna, dejarles huérfano de padre o madre.
Los hijos necesitan el referente de autoridad del padre y la madre
Los hijos, ya tengan 10 meses, como 3 años, 7, 10 ó 16 necesitan siempre tener como referente la figura del padre o de la madre. Un padre y una madre cercanos que estén con ellos y por ellos, que les ayuden con sus dificultades y que también (muy importante) pongan límites a sus hijos, les digan lo que sí pueden hacer y lo que no, hasta dónde pueden llegar y hasta donde no y sepan permitir a sus hijos el consecuente enfadado o tristeza que genera la frustración, es decir, cuando no obtienen lo que desean.

 

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