Baladas y Reflexiones

¡Celebremos a Cristo Eucaristía, pan y vino consagrados para nuestro alimento espiritual!

2016-05-27 20:07:23
¡Celebremos a Cristo Eucaristía, pan y vino consagrados para nuestro alimento espiritual!
(Foto:Istock.com)

¡Hola!… No podía dejar pasar esta fecha, sin llevarte a través del tiempo y de la imaginación a dos momentos muy significativos para mí.

Hace más de 50 años, en esta fecha del Corpus Christi, a pesar de ser todavía muy pequeño se me quedaron grabadas hasta el día de hoy las bellas imágenes de un día soleado del mes de mayo, recorriendo las calles de mi pequeño pueblo con la Custodia, el Palio, el Sacerdote y con los hombres en la atalaya de la Iglesia que dejaron los romanos hace más de 2,000 años y que hoy sirve de campanario, repicando las campanas sin cesar durante las dos horas de procesión.

Corpus Christi, la presencia real de Cristo en la Eucaristía y el recorrido por las calles para que el Señor bendijese cada casa y cada rincón del pueblo: La casa del médico, del farmacéutico, del maestro, del alcalde… con sus balcones adornados con bellos tapices, haciendo que la procesión se detuviese unos minutos en estos lugares y que todo el pueblo escuchase las palabras de gratitud hacia Jesús de los hombres más honorables del pueblo.

Ahora nos transportamos en la historia a casi 700 años atrás, en la tierra de Santa Rita de Casia, Italia. En el templo que la cobija, donde está enterrado su cuerpo, hay un recuerdo que nos relata la historia de un monje cuyo fervor por la Eucaristía se había ido perdiendo paulatinamente.

“Un día en la tarde, un joven se acercó al monasterio y se encontró con este sacerdote. Le pidió que le lleve la Comunión a su padre moribundo, que se encontraba en las afueras de Casia. El monje, tomó de mala gana una Hostia Consagrada del copón y en vez de ponerla junto a su pecho, la puso en el breviario, el libro que usaba para sus oraciones, y acompañando al joven llegó a la casa del moribundo. Cuando abrió el libro donde había guardado la Hostia Consagrada, se encontró con que se había convertido en carne y sangre. El monje se hincó de rodillas, agradeciéndole a Dios y fortaleciendo su fe por el milagro Eucarístico que acababa de vivir. Rezó ante el moribundo y regresó a su monasterio. Hoy en día una de estas hojas nos recuerda el Milagro Eucarístico y al tras luz de una vela, se puede ver con nitidez el rostro de Jesús”.

¡CELEBREMOS CON FE EL CORPUS CHRISTI!

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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