Baladas y Reflexiones

Descubrí la maravillosa manera de llegar a ti...

2015-01-03 19:49:31
Descubrí la maravillosa manera de llegar a ti...

Hola… Al comenzar el presente año, quiero llegar al corazón de mis amigas y amigos lectores, con quienes hace veinticinco años, casi un día como hoy, iniciamos esta comunicación que fluye entre anécdotas, experiencias vividas, experiencias contadas y sobre todo con el cariño de quien anida en su corazón y que lo recuerden con afecto.

Hemos compartido muchas experiencias a lo largo de estos veinticinco años, algunas de ellas quedaron en el libro de mis recuerdos, como la que te voy a contar hoy. Quiero compartir contigo como un deseo que surge del alma, de ver cómo en un momento dado y ante una situación dolorosa, estas líneas sirvieron de alivio a uno de mis lectores en los penosos trances por los que tuvo que pasar.
Lo conocí con una edad avanzada, caminando por una de las calles del centro de Lima. En los primeros años de estadía en Lima, tomaba el “Ícaros” en la Vía Expresa, llegaba hasta la Av. Grau y de allí me encaminaba por la plaza San Martín para llegar al Jr. de la Unión, antes de llegar a la Plaza de Armas, a la altura de aquel famoso reloj Welch, volteaba a la izquierda por el Jr. Ica y me encaminaba al Convento de San Agustín. Allí me encontraba con el Padre José, quien de niño había sido muy amigo de mi abuelo hasta que ingresó al seminario, se ordenó de sacerdote y se fue a la China. Cuando llegó la revolución de Mao Tse Tung se vino al Perú, en donde vivió sus últimos años en el Convento Centenario de San Agustín. Me contaba bellas historias que yo escuchaba con entusiasmo.

Para recordar aquellos primeros años, ya sin los “Ícaros”, tomé un taxi y llegué hasta la Plaza San Martín. Caminando por el Jr. de la Unión se me acercó una persona de edad y me dijo: Padre Pablo, quería conocerle personalmente y agradecerle porque había perdido la amistad de una persona por orgullo personal y la recuperé después de leer una columna en la que usted hablaba de la amistad. Introdujo la mano en su billetera y sacó un recorte muy bien dobladito de este periódico, en el que estaba la columna citada. Sus palabras, me dijo, me bajaron de mi orgullo para volver a encontrar el tesoro que nunca debí haber perdido y recuperar la amistad de esta persona.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

Escúchalo en Baladas y Reflexiones
con el Padre Pablo

Todos los domingos de 9 p.m. a 1 a.m.
 

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