Baladas y Reflexiones

El soldado del ejército japonés

2015-09-11 17:21:26
El soldado del ejército japonés

 

Hola… En el año 2000, en el mundo entero se escuchó hablar de una noticia que a muchos nos resultó impactante. Un grupo de jóvenes se internaron en son de aventura en un lugar inhóspito de Japón. Entre la vegetación encontraron a un anciano, que al verles comenzó a huir despavorido, pero para ellos no fue difícil alcanzarle. Cuando se vio rodeado, exclamó: ¡Me rindo! Los jóvenes se sorprendieron por el hallazgo de esta persona en estado deplorable y por lo que acababa de decir. ¿Por qué se rinde? –le preguntaron. El hombre respondió: ¿Vienen a detenerme? Ellos sorprendidos le preguntaron:

¿Quién es usted? Y él les contestó: Soy un soldado del glorioso ejército japonés y estoy luchando contra los invasores y enemigos. Los jóvenes se miraron sorprendidos unos a otros, hasta que uno le preguntó: ¿Desde cuándo está aquí? Y él contestó: Soy un soldado en guerra, mi capitán me envió a resguardar este lugar y estoy esperando nuevas órdenes.

Por supuesto que se refería a la Segunda Guerra Mundial, la cual finalizó en la década de los 40. La historia que te estoy contando es del año 2000, es decir, habían pasado cerca de 60 años y este hombre no sabía que la guerra había terminado.

Le llevaron a la ciudad, le adecentaron y le hicieron una revisión médica, emocional y psicológica. Si bien había sobrevivido durante todo ese tiempo, hasta ese momento en que tenía más de setenta años, su cuerpo había sufrido las inclemencias de la naturaleza.

Dejando de lado esta noticia, nos concentraremos en una reflexión que nos lleve a preguntarnos cuántos de nosotros nos hemos encerrado en nuestras vidas, nos hemos atado a momentos o decisiones que fueron “auténticas bombas atómicas” y que nos destrozaron, pero sin embargo, ¿hemos sabido recuperarnos como lo hizo Japón?

Es importante que revisemos de vez en cuando nuestra mente y nuestro corazón, en búsqueda de aquellas ataduras del pasado que no nos dejan vivir el presente y las soltemos.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!
 

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