Baladas y Reflexiones

La corona de pureza y la corona de martirio

2016-09-23 15:41:16
La corona de pureza y la corona de martirio
La corona de pureza y la corona de martirio (Foto:bp.blogspot.com)

Hola… La semana pasada recordábamos la maravillosa historia del Padre Maximiliano Kolbe, sacerdote franciscano nacido en Polonia, cuya labor para la Iglesia fue y es inmensa. Un hombre con gran capacidad de trabajo, cuya vida estuvo siempre marcada por el amor a Dios y a la Santísima Virgen. Fue tomado prisionero y llevado por los alemanes al campo de concentración de Auschwitz. Un día un prisionero se escapó y los soldados alemanes diezmaron a sus prisioneros. Los pusieron en fila y todos a los que les correspondía el número diez daban un paso al frente, sabiendo que iban a morir. Uno de los prisioneros, al tocarle el número diez pidió ayuda a Dios, preocupado pensando en quién iba a cuidar a su esposa e hijos si él moría. En ese momento el Padre Kolbe le dijo al oficial alemán: Yo me pongo en su lugar. No tengo mujer ni hijos, nadie me necesita. El oficial aceptó y Kolbe fue llevado inmediatamente junto con otros nueve compañeros a un subterráneo, en donde los dejaban morir de hambre. Rezando con ellos los ungía a todos, siendo él el último en quedar con vida. Como necesitaban el espacio, un soldado le aplicó una inyección con cianuro y murió el 14 de agosto de 1941.
Cuando el Santo Padre Pablo VI lo declaró Beato, el hombre salvado por el padre Kolbe estaba presente en la ceremonia.

De esta manera, la corona de pureza y la corona de martirio con las que soñó de niño, se hicieron realidad al vivir el martirio. Al escuchar esta historia que nos ha acompañado estos dos domingos, no cabe sino entender que en el mundo puede haber mucha maldad, pero que también hay actos heroicos que nos demuestran que la imagen y semejanza de Dios no ha sido borrada.

Estoy seguro que la inmensa mayoría de mis amables lectores y por supuesto quien esto escribe no seremos llamados a cumplir tan grande sacrificio en la tarea de la humanidad, pero sí se nos pide que cada día a la hora de juzgar a los demás, nos pongamos en su lugar. Si lo hiciéramos así, probablemente muchísimas veces nos quedaríamos callados, siendo nuestro silencio por un lado nuestro mejor homenaje a la verdad y por otro lado nuestro respeto a la dignidad de los demás. Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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