Baladas y Reflexiones

El capullo de rosa

2016-11-28 16:25:17
El capullo de rosa
¡El rosal de la abuelita! (Foto:istockphoto.com)

Hola… Cada día al atardecer se nos viene a la memoria, todo aquello que hemos podido hacer a lo largo del día y sin ser demasiados meticulosos con lo hecho. Si vemos en un momento qué hicimos bien, qué hicimos mal y; por supuesto, no estamos ajenos de pensar cuáles fueron las circunstancias que nos favorecieron y cuáles no debimos haberlas vivido.

Hoy en día, vivimos un tiempo de mucha velocidad y quizás; el vértigo de la vida nos lleva a pensar que las cosas que podríamos haber hecho, no las hicimos por temor.

Recuerdo una frase del evangelio en la que Jesús dice: “…pero lo más importante de vuestras vidas será la perseverancia”. En este texto, Jesús se refiere a los miedos y temores de los hombres de aquel tiempo, que ante las noticias de guerras, destrucciones, terremotos; se asustaban. Jesús les habla y nos sigue hablando de que todo eso tiene que suceder, pero lo más importante es la perseverancia en su palabra y por supuesto, en él.

Viene a mi memoria una anécdota… Una abuelita tenía en su casa un jardín, con bellísimos rosales. Un día la nieta estando en el jardín, vio en uno de los rosales, un botón tan grande y lozano que estaba a punto de convertirse en una flor de espléndida belleza. Ella con impaciencia le preguntó a la abuela si aquel botón iba abrirse pronto. La abuela le contestó que aún necesitaba unos días más. Al día siguiente, la nieta regresó al jardín y volvió a ver el botón del rosal, este había abierto un poco. Así que le pregunta a su abuela, si le permitía abrirlo para que salieran los pétalos. Ella viendo la impaciencia de su nieta y por su experiencia, (sabía que ello tendría una positiva lección para transmitirle) le dijo, sí. Poco a poco, la impaciente nieta comenzó a abrir los pétalos. En su rostro, reflejaba el descontento y la desilusión porque el resultado no era lo que ella esperaba. Al cabo de unos días, aquellos pétalos comenzaron a marchitarse y a morir; por ninguna parte apareció la belleza imaginada por ella.

Así es como la abuela le explicó que esto pasaba con todas las cosas de la vida. No debemos apresurarnos, hay que dejar que todo suceda en su tiempo y en su espacio; por ello, vive cada momento de tu vida a plenitud.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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