Baladas y Reflexiones

Por los caminos del Señor

2017-08-04 14:12:05
Por los caminos del Señor
Escúchalo todos los domingos a las 8 de la noche en 'Baladas y Reflexiones' (Foto:istockphoto.com)

Hola… Hace unos días comencé a leer un libro titulado ‘Razones para la alegría’, escrito por el Padre José Luis Martín Descalzo. Nació en Toledo en 1930 y con 70 años de vida el Señor se lo llevó a su lado, pero durante su fructífera vida nos dejó mensajes de esperanza y alegría.

Cuando yo era adolescente y estudiaba en la Facultad de Teología en el Real Monasterio de los Padres Agustinos en Valladolid, cada Viernes Santo, a partir de las diez de la mañana, llegaban a la Plaza Mayor de la ciudad miles de personas para escuchar el sermón de las tres horas que el Padre José Luis pronunció durante muchos años.

Este hombre lo tenía casi todo: una voz melodiosa, un lenguaje facilísimo de entender y la virtud de saber juntar palabras para construir un brillante discurso con emoción y reflexión.

El Padre José Luis también incursionó en los medios de comunicación y escribió muchos libros.  En uno de ellos habla de su experiencia con la enfermedad que terminó con su vida. Era diabético y durante varios años tuvo que hacerse diálisis interdiariamente, hasta que el Señor le llevó a su lado.Su experiencia narrada en el libro sirve de gran ayuda para quienes tienen que lidiar con una enfermedad.

Hago este preámbulo para contarte que en la página 98 de su libro ‘Razones para la alegría’, cuenta que un día, uno de sus alumnos le escribió una carta diciendo: “Estoy hasta las narices de la educación del palo y del miedo. Para mí, la educación que carece de lo esencial no es educación, sino un sistema de esclavos. Si la educación no sirve para ayudarnos a ser libres y personas felices, no me interesa”.

José Luis cuenta que en 1948 visitó un campo de concentración alemán de la Segunda Guerra Mundial y quedó bloqueado durante varias semanas por los horrores que vio en ese lugar. Se preguntaba cómo era posible que las cámaras de gas hubieran sido construidas por ingenieros especializados, que las inyecciones letales las ponían médicos y enfermeros titulados, que mujeres y niños hayan sido fusilados por gente con estudios, por doctores y licenciados.

A veces nos encontramos en la vida con monstruos educadísimos, y otras veces, en hombres sin cultura encontramos una fuente inagotable de bondad.No me refiero a que debamos dejar la cultura de lado, sino que debemos enseñar a nuestros niños y jóvenes: “El arte de ser felices, la asignatura de amarse y respetarse los unos a los otros, la carrera de asumir el dolor y no tenerle miedo a la muerte, la milagrosa ciencia de seguir una vida llena de vida”.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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