Baladas y Reflexiones

¡Si queremos un mundo reflejo del cielo, no hay otro camino, debemos ser solidarios!

2016-09-02 19:30:29
¡Si queremos un mundo reflejo del cielo, no hay otro camino, debemos ser solidarios!
(Foto:Istock.com)

¡Hola!… Un día se encontraban dos amigos tomando café en un restaurante de la ciudad. Uno de ellos era un gran teólogo cuya sapiencia era muy valorada por su amigo. En esta ocasión, le dijo a su amigo: Sabiendo de tus conocimientos teológicos, quiero que me hables de tal manera que yo, siendo un pobre mortal, pueda entenderte. Dime tu inquietud y te responderé de manera coloquial, si es necesario te lo contaré a través de un cuento –respondió el teólogo. Perfecto, la pregunta que quería hacerte es: ¿Qué diferencia hay entre el cielo y el infierno? Pero no me contestes de tal manera que por tu sabiduría y conocimientos, yo no me entere de nada. El teólogo tomó un sorbo de café y sonriendo le dijo: Nuestro ángel de la guarda al momento de morir nos entrega una cuchara y un tenedor para que podamos alimentarnos al llegar al otro mundo. Cada uno de acuerdo a sus obras en la tierra irá al cielo o al infierno. Si alguno de nosotros fuera de visita, inmediatamente se daría cuenta quiénes son los que están en el cielo y quiénes están en el infierno. El espacio físico es el mismo, pero en un lugar vemos personas pletóricas de vida, bien alimentadas, sonrientes y, sin embargo, al otro lado vemos personas con gestos adustos, malhumorados y que apenas son ‘hueso y pellejo’. El interlocutor, mientras escuchaba pensaba: ¿A dónde me quiere llevar mi amigo teólogo? ¿Por qué en el cielo están llenos de vida y en el infierno llenos de muerte, si ambos lugares tienen la misma comida? La respuesta es muy sencilla: Los que llegaron al cielo con su cuchara y su tenedor, cuyo mango mide más de un metro de largo, entendieron que para alimentarse con ambos cubiertos necesitan hacerlo tomando la comida con el cucharón y dándole de comer a su compañero y su compañero a él. Sin embargo, en el infierno el egoísmo hace que nadie quiera compartir nada con el otro y evidentemente, con un cucharón tan grande es imposible alimentarse uno mismo.

Si queremos un mundo reflejo del cielo, no hay otro camino, debemos ser solidarios. Sea pues nuestra actitud la de sentir que el mundo no es solamente grandes teorías, sino pequeños detalles.

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

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