Baladas y Reflexiones

Un frío invierno...

2013-10-06 11:32:45
Un frío invierno...

Hola… Hace algún tiempo me contaron una historia que me gustaría compartir contigo: “Tiempo atrás, tuve un vecino cuyo hobby era plantar árboles en la enorme quinta de su casa. Desde mi ventana, observaba el esfuerzo que hacía todos los días para sembrar árboles y más árboles. Lo que me llamaba la atención era ver que jamás regaba lo que plantaba y después de un tiempo, noté que sus árboles demoraban mucho en crecer. Cierto día, decidí acercarme a él y preguntarle si no le preocupaba que los árboles no crecieran, pues aparentemente yo veía que nunca los regaba. Me respondió que si regaba sus plantas, las raíces se acomodarían en la superficie y siempre quedarían esperando por el agua más fácil venida de arriba. Como él no lo hacía, los árboles demorarían más en crecer porque sus raíces tenderían a profundizar en la tierra, en busca del agua y de la variada fuente de nutrientes encontrados en las capas inferiores del suelo.

Me fui a vivir a otro país y no volví a verlo nunca más. Varios años después, al retornar del exterior, fui a dar una mirada a mi antigua residencia. Al aproximarme, noté un hermoso bosque que no había antes. Se trataba de los árboles sembrados por mi antiguo vecino, con los que vio realizado su sueño. Curiosamente, ese día había mucho viento y hacía mucho frío. Los árboles de la calle estaban arqueados, como si no pudieran resistir el rigor del invierno. Sin embargo, al acercarme a la quinta, noté que los árboles de mi antiguo vecino eran sólidos y prácticamente no se movían, resistiendo implacablemente aquella ventisca. En ese momento, pensé en el efecto tan curioso que había ocasionado en esos árboles el haber pasado por una situación tan adversa, siendo privados del agua, resultando beneficiados como si hubieran recibido el mejor tratamiento.

Todas las noches, antes de irme a dormir, doy una mirada a mis hijos, me inclino sobre sus camas y observo cómo han crecido. Frecuentemente rezo por ellos, pidiendo que sus vidas sean fáciles a través de la siguiente oración: Dios Mío, libra a mis hijos de todas las dificultades y agresiones de este mundo. Sin embargo, siento que es hora de cambiar mis plegarias. Seguramente los vientos fuertes y helados de la vida alcanzarán a mis hijos y en el camino se encontrarán innumerables problemas. Ahora me doy cuenta que mis oraciones han sido demasiado ingenuas y que siempre habrá una tempestad a su lado.

Ahora diré: Señor, que mis hijos crezcan con raíces profundas, de tal forma que puedan sacar energía de las mejores fuentes, de las más divinas que se encuentran en los lugares más remotos.”

Me gustaría que el próximo domingo pudiéramos concluir esta carta, aunque sé que ella no necesariamente trasmite mi mensaje, sino aquello que tú, como papá o mamá, desees interpretar.
   Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

Escúchalo en Baladas y Reflexiones
con el Padre Pablo

Todos los domingos de 9 p.m. a 1 a.m.

 

 

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