Baladas y Reflexiones

Cuida la naturaleza

2018-02-24 10:55:40
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Cuida la naturaleza
Escúchalo todos los domingos a las 8 de la noche en 'Baladas y Reflexiones' (Foto: istockphoto.com)

Hola… Cuentan que un hombre joven recibió en su hogar el más preciado regalo que el cielo puede dar a un recién casado. Él y su mujer eran muy felices cuando se conocieron y cuando se casaron, pero faltaba algo: el hijo que acababa de nacer. La felicidad del nacimiento de su hijo colmó su dicha.

Salió al campo para disfrutar de la naturaleza y descubrió que a partir de este importante acontecimiento, todo cobraba un nuevo y maravilloso sentido. Sobre la rama de un árbol vio a un águila cuyo plumaje era bellísimo y a semejanza de su hogar, en el nido había unos polluelos recién nacidos. Antonio –que así se llamaba nuestro amigo- no tardó en entablar una amena y sustanciosa conversación con el águila.

El águila al verlo le saludó y le preguntó: Buen hombre, ¿cómo está usted? Y nuestro amigo le respondió que era el hombre más feliz del mundo. Seguro de que el águila lo comprendería, le dijo: Usted y yo hemos recibido como regalo del cielo a  nuestros hijos.

El águila le preguntó: Antonio, ¿qué piensas hacer con tu hijo? Y él  respondió: Desde ahora lo voy a proteger siempre, le daré de comer y jamás permitiré que pase frío. Me esforzaré por darle siempre lo mejor y todo lo que necesite, lo defenderé de sus enemigos y nunca permitiré que pase dificultades. Antonio siguió diciéndole al águila: Tuve una vida muy difícil y no quiero que él sufra como yo. Luego agregó: Yo siendo su padre, seré fuerte como un oso y con la potencia de mis brazos lo rodearé, lo abrazaré y nunca dejaré que nada ni nadie lo moleste.

El águila lo escuchaba en silencio, respirando hondo sacudió su enorme plumaje y le dijo: Antonio, yo un día recibí como tú el mandato del cielo de construir un nido, el cual debería estar en un lugar al que los depredadores no pudieran alcanzar. Para defender a mis hijos del enemigo, puse ramas con espinas en el nido. Pero un día ellos crecerán y cuando mis polluelos hayan emplumado y sean fuertes para volar, haré desaparecer todo eso confort, haciendo que ellos ya no puedan habitar en ese lugar. Así se sentirán obligados a construir su propio nido.

La naturaleza es el reflejo más puro de Dios. Desgraciadamente los humanos un día “comimos la manzana” e hizo que pensáramos que éramos como dioses. Recobremos el valor de la naturaleza.
“Los jóvenes caminan rápido pero son los ancianos los que conocen el camino”

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

 

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