Baladas y Reflexiones

El cuerpo es prestado, el alma es eterna

2019-08-30 20:17:57
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El cuerpo es prestado, el alma es eterna

    Hola… La semana pasada, tanto el martes como el miércoles y el viernes, vivimos la santidad de tres personajes importantes de la historia de la iglesia. El martes 27 de agosto tuvimos la experiencia de Santa Mónica, mujer africana, quien vivió en el siglo IV de nuestra era cristiana, al igual que San Agustín, su hijo. Más de mil años de la época de Mónica y de Agustín y ya en el Continente Americano nos encontramos con nuestra Santa Limeña, Santa Rosa.
    Ni por la distancia en el tiempo ni de lo físico de Europa y América se puede pensar que fueron vidas diferentes, porque a los tres les une “una profunda fe en Dios”.

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    Por el tiempo y el espacio no me detendré en cada uno de ellos, sino que desde mi perspectiva te indicaré algunas posibilidades que tendremos tú y yo para poder aprender de ellos valores cristianos que, entiendo, nos hace mucha falta en nuestro siglo XXI.


    Santa Mónica: Se conocía a sí misma tanto que, desde su confianza en Dios, pudo ser perseverante en la tarea que el cielo le había dado: encauzar las vidas de Patricio, su esposo y de Agustín, su hijo. Podríamos decir que supo estar por encima del desaliento. Patricio, un hombre, digámoslo así: clase “Z”, o mejor en palabras modernas: fue lo peor que le pudo tocar, pero Mónica sabía que contaba con la ayuda del Señor y logró convertirlo al cristianismo.


    San Agustín: Un hombre incansable en la búsqueda de la Verdad. Mónica lo supo esperar. Agustín, a su vez, tuvo la grandeza de que, cuando fue tocado por Jesús, no le dio la espalda, sino el corazón.


    Santa Rosa de Lima: Una mujer bellísima de cuerpo y alma, marcó para el Perú y América un camino de santidad y de vida abnegada, confiando plenamente en el valor de la oración y logrando su santificación a través de las obras de misericordia que realizó.
    Por supuesto que de ellos podríamos escribir todo un periódico; por mi parte, simplemente, quería trazar caminos que cada uno de nosotros, amigos lectores, debemos de recorrer.


    No es un pecado imitar cuando logramos con ello hacer de nuestras vidas una copia de los más grandes de nuestra historia de salvación; en este caso Santa Mónica, San Agustín y Santa Rosa de Lima.
    Desde aquí les imploramos su bendición, de la misma manera que hacemos de sus vidas un itinerario para nuestras vidas, de perseverancia, de interioridad y de conquistar la belleza del alma, porque “el cuerpo es prestado, el alma es eterna”.


“En tu trabajo eres uno más, en tu hogar eres único”
    Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!
    Contáctanos en facebook: Agustinos Perú / Padre Pablo / Pablo Larrán García
 

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