Baladas y Reflexiones

La identidad jamás se puede ocultar

2018-02-16 18:03:17
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La identidad jamás se puede ocultar
Escúchalo todos los domingos a las 8 de la noche en 'Baladas y Reflexiones' (Foto: istockphoto.com)

Hola… Hace unos días me contaron una aleccionadora historia. Don diablo tiene muchas formas de presentarse ante los seres humanos y una de ellas es hacerlo disfrazado para confundirlos. Pues bien, en una oportunidad no se le ocurrió mejor idea o posiblemente peor idea que disfrazarse de Jesús; así como lo oyes, tuvo el descaro de no respetar ni al mismo Dios.

Comenzó a caminar por las calles y la gente se le acercaba emocionadísima, lo abrazaban, le pedían milagros, escuchaban con mucha atención las bellas parábolas que contaba, en fin; era la sensación del barrio.

Entonces sucedió algo natural, una de las personas veía algo raro en aquel Jesús, había algo que no encajaba y armado de valor le hizo una pregunta a aquel personaje que aparentando ser Jesús, no dejaba de ser un diablo.

Oiga mi buen Señor, quiero hacerle una pregunta y que me muestre lo que le voy a pedir. ¿Qué deseas hijo mío? Pídeme lo que quieras -le dijo con dulzura aquel impostor. Quiero ver tus llagas. En ese momento el impostor huyó despavorido porque si bien había logrado una aparente y perfecta imitación de Jesús, le faltaba la identidad de quien nos salvó “a través de sus llagas”. Fue el único que dio su vida por nosotros y no de una forma teórica, ni bucólica, ni poética sino que dio su vida y su sangre por nuestra Salvación. Su identidad son las llagas de sus manos, de sus pies y sobre todo las del costado de su corazón.

Con todo respeto, me atrevo a ingresar a lo más íntimo de tu fe y preguntarte quién es aquel en quien crees totalmente. ¿Alguna vez te has preguntado o le has pedido con suma delicadeza a tú Dios que te enseñe sus llagas? Porque siendo así, teniendo muy claro que a los cristianos se nos pide una identidad plena y total con aquel a quien seguimos que es Cristo, sería bueno que a la vez que se lo preguntamos a Jesús, también nos lo preguntemos cada uno de nosotros: ¿DONDE ESTÁN MIS LLAGAS POR LAS QUE VIERTO MI SANGRE PARA LA SALVACIÓN DE MIS HERMANOS?

Desde aquí con todo mi cariño y pidiéndole a Dios su bendición, sea este 14 de febrero un motivo de gratitud por la bella amistad con la que el Señor nos bendice plenamente.

“Los jóvenes caminan rápido pero son los ancianos los que conocen el camino”

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

 

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