Baladas y Reflexiones

Por los caminos del Señor

2014-02-07 14:54:36
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Por los caminos del Señor
Hola… El domingo pasado, me despedí invitándote a compartir hoy-algunos puntos de reflexión sobre la necesidad de que nuestros niños y jóvenes aprendan en su escuela el arte de vivir.
Te hablé de la experiencia vivida en el campo de concentración de Auschwitz, reflexionando sobre cómo aquella máquina de muerte y de odio era manejada por especialistas que tenían títulos de ilustres colegios y connotadas universidades, pero sin embargo actuaban cegados por el odio y el resentimiento. Por eso invoco a que los maestros abramos ante los niños sus almas y no solamente sus libros. 
 
Me sorprendo al darme cuenta que, salvo rarísimas excepciones, nunca supe nada de mis profesores. ¿Quiénes eran? ¿Cómo eran? ¿Cuáles eran sus ilusiones, sus fracasos, sus esperanzas? Creo que no lo hicieron porque pensaban que contarme sus cosas hubiera sido una pérdida de tiempo. Supongo que para ellos era más importante enseñarme ecuaciones, sumas y restas, ríos de África… cosas de las que pasados los años, posiblemente nos queda poco en el recuerdo. Lo que nos construye como personas es el poder ponernos en contacto con aquellos maestros que no necesariamente nos cuentan la novela de su vida, pero que nos transmiten la esencia y columna vertebral de su existencia.
 
Amiga, amigo lector, tú que tienes la responsabilidad de llevar a tus hijos a un centro educativo, si me permites darte mi opinión, te sugiero que además de revisar los cientos de preguntas que debes tener rondando en tu cabeza como: la preocupación por la infraestructura del colegio, si las pensiones van en concordancia con tu economía familiar, el que tus hijos se desenvuelvan y desarrollen en un ámbito social que les pueda ser de utilidad más adelante… que son aspectos que también me parecen importantes, pero considero que deberías comenzar por preguntarte y averiguar si el profesorado abre su alma a los niños o solo abre los libros de texto, porque éstos llegan a la mente de tu hijo, pero cuando el profesor abre su alma, su experiencia de vida sirve como fuente inagotable de riqueza. De esta manera, el día de mañana, ya sin sus profesores y posiblemente sin ti, tu hijo podrá volar alto, porque nosotros fuimos capaces de quitarle el peso de la historia que tuvo que conocer para que pueda escribir su propia historia en una hoja en blanco. Él será la pluma que escriba, nosotros la tinta con la que va a escribir. 
 
Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

 

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con el Padre Pablo

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