Baladas y Reflexiones

Por los caminos del señor

2014-09-29 16:16:27
compartir
Foto 1 DE 1
Por los caminos del señor
¡Hola! Hay dos clases de hombres, porque sólo hay dos actitudes de vivir la vida. Unos la viven a la manera de un lago, otros al estilo de un río. El lago se nutre del agua que dejan caer las nubes. El lago es hermoso, pero egoísta; brillante, pero estático. Recibe, pero no sabe dar.
 
En cambio el río, nacido con vocación de viajero, ni siquiera duda de entregarse al mar, aunque en el mar se pierda. Por donde cruza el río, reverdece el campo, se doran las espigas, se multiplica el pan. El río no conoce la solitaria elegancia de los lagos, aunque se manche con las impurezas inevitables del camino.
 
Ante el desafío del hombre, la incultura, la insalubridad, la injusticia y el mal moral que hay en el mundo, nadie puede darse el lujo de vivir su vida con la serena inactividad del lago, con egoísmo mezquino.
Ante un mundo que sufre la violencia, la pobreza y otros muchos males, nos urge a todos ser como el río, unas veces plácido y otras caudaloso. Cambiar la apatía, la nuestra y la de los demás, sacudir la propia comodidad y la ajena, rehuir la soledad del hombre satisfecho para ingresar a la solidaridad de los insatisfechos, salir de uno mismo para encontrarse con el otro, cualquiera que sea, sin pedir al desconocido que se identifique. Quien acepta la vocación de río, queda comprometido a servir a los demás, no a servirse de los demás. Sabe que él contiene agua y que ésta se hizo para darla, no para retenerla.
 
Aquel que tiene más dinero, cultura, poder, etc., lo tiene no a título de propiedad privada, sino a título de servicio colectivo. Un escritor italiano lo expresa muy bien al decir: “Sólo tengo lo que di”. Esta es la verdadera, la única y legítima tenencia del saber, del poder y del dinero. Sólo se tiene lo que se da. El que no sabe dar ni sabe darse, es que no sabe ser hombre. Y todo aquel que ha asumido con serenidad su vocación de río, que no presuma de sus servicios, ni enumere sus buenas obras.
 
La mano izquierda ha de ignorar cuanto hace la derecha. Porque, como nadie se debe exclusivamente a sí mismo, sino a los demás, la entrega y la generosidad no es opcional en la vida, sino obligación intransferible. Los lagos reciben, los ríos dan. 
 
Bienaventurados los que saben que es más hermoso dar que recibir.
 
Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!
 
 
Escúchalo en Baladas y Reflexiones
con el Padre Pablo

Todos los domingos de 9 p.m. a 1 a.m.
Escúchalo en Baladas y Reflexiones
con el Padre Pablo

Todos los domingos de 9 p.m. a 1 a.m.

Comentarios