Baladas y Reflexiones

Por los caminos del Señor

2015-02-07 16:46:37
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Por los caminos del Señor

Hola… hace unos días me encontré con una persona joven cargada de dudas y de vacilaciones. Es natural que en una etapa de la vida como la adolescencia, todas las interrogantes de la vida se conviertan en problemas sin solución. Tuvimos un  espacio de tiempo no muy largo, pero que considero muy enriquecedor para ambos.

Por un lado me di cuenta que al paso de los años existen interrogantes que uno apenas se quiere cuestionar, quizás por miedo o posiblemente porque ponemos en ellas un manto de olvido o esa frase en la que decimos: “Más adelante veré qué hago”.

El joven insistía en que le diera una solución a su angustia respecto a la muerte. Por su edad no me parecía habitual que se lo cuestionase, según mi experiencia con los jóvenes, normalmente se plantean otras interrogantes de la vida pero no de la muerte. Sin embargo, por experiencias vividas en su hogar y en su familia, a su corta edad quería saber “qué hay al otro lado”.

Le conté una historia muy simple de un paciente que le dijo a su doctor: “-Doctor, me asusta la muerte… dígame qué hay al otro lado. El doctor le respondió: No lo sé.

¿Usted es cristiano y no lo sabe? – dijo el paciente. El doctor tomó la perilla de la puerta, del otro lado se sentían rasguños y gemidos, cuando se abrió la puerta, un perro entró en el cuarto, saltó sobre el médico y con gran alborozo le lamió lleno de alegría.

El médico se volvió hacia su paciente y dijo: ¿Vio lo que hizo mi perro? Él nunca había estado en este cuarto, no sabía lo que había adentro, solo sabía que su dueño estaba allí y cuando se abrió la puerta, saltó sin ningún temor”.

Yo poco sé de lo que hay del otro lado de la muerte… pero si sé una cosa: “Que mi Dueño estará allí y eso me basta”.

Pocas veces he visto reflejado en el rostro de una persona la satisfacción por la respuesta recibida.

El joven me dijo: Padre, yo entiendo esa historia porque desde niño he tenido un afecto muy especial a los animales y en mi casa, desde que yo era pequeño, hemos tenido un perrito. Recuerdo que teníamos una a la que yo le llamaba “Pericota” y con ella viví momentos maravillosos. Cuando llegaba del colegio, mi madre se daba cuenta porque “Pericota” armaba tal jaleo, que todo el vecindario se enteraba que yo estaba llegando a mi casa. Con la historia que me ha contado en respuesta a mi pregunta, le puedo decir que no necesariamente me ha convencido, pero por lo menos me lo ha hecho entender de una manera que jamás se me olvidará.

Gracias por llegar hasta aquí.  Hasta la próxima semana. ¡Que Dios nos bendiga!

 

Escúchalo en Baladas y Reflexiones
con el Padre Pablo

Todos los domingos de 9 p.m. a 1 a.m.

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