Baladas y Reflexiones

Por los caminos del señor

2019-04-26 19:12:14
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Por los caminos del señor
Por los caminos del señor. (Imagen: Internet)

Hola… La noticia más alentadora que podemos apreciar es esta: CRISTO HA RESUCITADO. Por ello, digo a ustedes, mis hermanos, que no busquen entre los muertos a quien ya resucitó.

Hace muchos años, cuando apenas era un adolescente, aprendí de memoria estos «dos poemas» que no dejo de repetir, de manera muy especial, durante la Semana Santa. Por su belleza sin igual, desde mi particular punto de vista, en esta Fiesta de la Pascua y poder valorar en plenitud su significado, te propongo que los leas despacio y, si fuera necesario, repetir su lectura varias veces:

"Jesús de María, Cordero santo, pues miro vuestra sangre, mirad mi llanto.

¿Cómo estáis de esta suerte, decid, Cordero casto, pues, naciendo tan limpio, de sangre estáis manchado? La piel divina os quitan las sacrílegas manos, no digo de los hombres, pues fueron mis pecados.

Bien sé, Pastor divino, que estáis subido en alto, para llamar con silbos tan perdido ganado. Ya os oigo, Pastor mío, ya voy a vuestro pasto, pues como vos os dais ningún pastor se ha dado.

¡Ay de los que se visten de seda y brocados, estando vos desnudo, sólo de sangre armado! ¡Ay de aquellos que manchan con violencia sus manos, los que llenan su boca con injurias y agravios!
Nadie tendrá disculpa diciendo que cerrado halló jamás el cielo, si el cielo va buscando. Pues vos, con tantas puertas en pies, mano y costado, estáis de puro abierto casi descuartizado.

¡Ay si los clavos vuestros llegaron a mí tanto que clavaran al vuestro mi corazón ingrato! ¡Ay si vuestra corona, al menos por un rato, pasara a mi cabeza y os diera algún descanso!"

"No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido; ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte clavado en esa cruz y escarnecido; muéveme el ver tu cuerpo tan herido; muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera que, aunque no hubiera cielo, yo te amara, y, aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera; pues, aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera. Amén."

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