Madre, Amiga, Mujer

Da desinteresadamente

2015-10-19 00:00:00
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Da desinteresadamente

Una vez un limosnero que estaba tendido a un lado de la calle, vio venir, a lo lejos, a la reina del lugar. Y éste pensó: “Le voy a pedir, ella es buena y seguro me dará algo”.

Y cuando la reina se acercó, le dijo: “Majestad podría, por favor, regalarme una moneda?” en su interior pensaba que ella le daría mucho. La Reina lo miró y le respondió: “¿Por qué no me das algo tú? acaso, ¿no soy tu reina?

El mendigo no sabía que responder y sólo atinó a balbucear: “Pero, Majestad. Yo no tengo nada”. La reina le contestó: “Algo debes tener ¡busca!”

Entre asombro y enojo, el mendigo buscó entre sus cosas y vio que tenía una naranja, un pan y unos granos de arroz. Pensó que la naranja y el pan eran mucho para darlos, así que, en su molestia, tomó cinco granos de arroz y se los dio a la reina.

Complacida ella le dijo: “¡Ves, como sí tenías!”

Y le acercó cinco monedas de oro: Una por cada grano de arroz. El hombre dijo entonces: “Majestad, creo que acá tengo otras cosas”.

La reina lo miró fijamente a los ojos y con dulzura le comentó: “Solamente de lo que has dado de corazón te puedo retribuir”.

Es fácil reconocer en esta historia el acto de dar y recibir. ¿Cuántas veces, en nuestras acciones, que decimos son de servicio, entran en juego el egoísmo y nuestros propios intereses? ¿Cuántas veces realizamos una misión sólo pensando en la ganancia personal que nos reportará?

Procuremos dar de corazón, sin sacar cuentas, sin pensar en lo que recibiremos a cambio. Y la mayor ganancia será la felicidad que sentimos al dar.

[Foto:istockphoto.com]

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