Madre, Amiga, Mujer

Los 100 días

2015-06-19 10:32:37
Los 100 días


Cuentan que había una vez un Rey muy apuesto que estaba buscando esposa. Por su palacio pasaron todas las mujeres más hermosas del reino; muchas le ofrecían además de su belleza y encantos muchas riquezas, pero ninguna colmaba sus expectativas como para convertirse en su reina. Cierto día llegó una mendiga al palacio de este rey y con mucha lucha consiguió una audiencia.
No tengo nada material que ofrecerte; solo puedo darte el gran amor que siento por ti le dijo al rey; puedo hacer algo para demostrarte ese amor.

Esto despertó la curiosidad del rey, quien le pidió que le dijera que sería eso que podía hacer. Pasaré 100 días en tu balcón, sin comer ni beber nada, expuesta a la lluvia, al sereno, al sol y al frío de la noche. Si puedo soportar estos 100 días, entonces me convertirás en tu esposa.

El rey, sorprendido más que conmovido, aceptó el reto. Le dijo Acepto. Si una mujer puede hacer todo esto por mí, es digna de ser mi esposa.

Dicho esto, la mujer empezó su sacrificio. Empezaron a pasar los días y la mujer valientemente soportaba las peores tempestades. De vez en cuando el rey asomaba la cara desde la comodidad de su habitación para verla y le hacía señas de aliento con el pulgar. Así fue pasando el tiempo la gente del reino estaba feliz, pues pensaban por fin tendremos una reina”.

Al fin llegó el día 99 y todo el pueblo empezó a reunirse en las afueras del palacio para ver el momento en que aquélla mendiga se convertiría en esposa del rey.
Fueron contando las horas, pero la pobre mujer estaba muy desmejorada; Entonces, a las 11:00 de la noche de aquél día 99, faltando apenas una hora , la valiente mujer se rindió y decidió retirarse de aquel palacio.

La gente estaba conmocionada. Nadie podía entender. Al llegar a su casa, su padre se había enterado ya de lo ocurrido. Le preguntó: Por qué te rendiste a tan solo instantes de ser la reina?” y ante su asombro ella respondió:

Estuve 99 días y 23 horas en su balcón, soportando todo tipo de calamidades y no fue capaz de liberarme de ese sacrificio. Me veía padecer y solo me alentaba a continuar, sin mostrar siquiera un poco de piedad ante mi sufrimiento. Esperé todo este tiempo un poquito de bondad y consideración que nunca llegaron. Entonces entendí: una persona tan egoísta, desconsiderada y ciega, que solo piensa en sí misma, no merece mi amor.

Fuente:dibujospoemasehistorias.angelfire.com
Foto:istockphoto.com

 

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Posted by Radio Ritmo Romántica on Jueves, 18 de junio de 2015

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